miércoles, 9 de septiembre de 2015

Ojos que no ven, de J. Á. González Sainz

¡Hola a todos!

Se me va echando el tiempo encima, pero con este libro ya van 8 de 15, y hemos superado el ecuador del reto de Neus. Espero llegar a tiempo.

La lectura que les traigo hoy es Ojos que no ven, de J. Á. González Sainz. En la solapa de la edición que leí se recogen algunas de las palabras que la crítica especializada ha tenido a bien dedicar a esta novela y a su autor. Una de ellas aseguraba, sin sonrojarse, que en unos años hablaremos de este autor soriano como si de un nuevo Sánchez Ferlosio se tratase. No tengo datos suficientes para contrastar esta atrevida afirmación (debo previamente leer algo más de ambos autores), pero sí es cierto que existe en Ojos que no ven un interés por el realismo social equiparable al que encontramos en El Jarama. 

La vida de Felipe Díaz Carrión cambia sin remedio cuando decide abandonar el campo para participar del auge que la industria conoció en España a mediados del siglo XX. Se traslada al País Vasco. La descripción que hace González Sainz hace que sea fácil transportarse a ese lugar que tan bien conocimos por el devenir informativo de los ochenta y noventa. Su carácter, determinado por el entorno en el que se crió y por un pasado traumático que el autor nos va descubriendo intercalándolo con la historia principal, no termina de encajar en el nuevo entorno en el que vive. Sus problemas de adaptación le harán alejarse de su mujer y de su hijo mayor (¿o serán ellos los que se alejan sin remedio?), y fortalecer su relación con su hijo pequeño, nacido en este nuevo destino. Una suerte de debilidad le impide cerciorarse o ser plenamente consciente del ambiente enrarecido de sus nuevas circunstancias. Incluso en los momentos en los que es evidente que está de más para casi todo el mundo, se niega su derecho a tomar las riendas de la situación y se limita a observar en silencio su deterioro personal. Separado ya de su mujer, y con su hijo mayor en Francia, decide acogerse a un plan de prejubilación de su empresa para regresar al pueblo, lugar del que quizá nunca debió salir. Allí recibe en una ocasión la visita de su hijo pequeño, que también había abandonado el norte para iniciar sus estudios de Biología en Madrid. Trae malas noticias, acaso las peores, sobre su hijo mayor. Felipe es entonces consciente de cuanto ha vivido y, si bien se siente responsable en parte del fracaso de su hijo (no haré spoiler), sabe que por sus principios no hubiera sabido actuar de otro modo. La relación paterno filial de Felipe con su primogénito está condenada a ser dramática por los acontecimientos históricos y políticos que la enmarcan: lo que Felipe vivió al empezar la Guerra Civil española, y la realidad del terrorismo que su hijo vive cuando salen del campo. Están condenados a no entenderse.

Hay un cambio de ritmo en la narración que hace que la lectura se haga infinitamente más amena tras el tercer capítulo. Los dos primeros tienen una carga filosófica un pelín densa. Este elemento aparecerá recurrentemente en la novela, pero no de la forma en que lo hace en estos dos primeros capítulos. Se da un equilibrio agradable entre la historia presente, la pasada y las reflexiones del protagonista. Me gustaron mucho los pasajes en los que se describe la relación del protagonista con su hijo pequeño. Si en algunos momentos la acción parece agotarse, el autor tira de as en la manga para completar el acercamiento al personaje principal, deteniéndose en algún episodio pasado que explique un comportamiento presente. Los recuerdos están escritos con mucho tacto y cumplen una función clave más allá de la mera contextualización. La sensibilidad de Felipe contrasta con la violencia (la latente y la patente, claro) que le rodea. Y ese contraste, que también es, en el fondo, el del campo y la industria, está muy bien transmitido por parte del autor. Por ponerle una pega, más allá de la densidad de los dos primeros capítulos, me falta el punto de vista de Asun, la mujer de Felipe, o más bien su reacción tras las malas noticias sobre su hijo mayor. Una referencia indirecta me hubiera servido.

Aquí les dejo una entrevista que El País Cultural hizo al autor en el momento de la publicación de la novela, hace cinco años. Y también les dejo el estado actual de mi reto.

A
G Garoé, Alberto Vázquez-Figueroa
U Una pareja, Emmanuèle Bernheim
A
Chulas y famosas, Terenci Moix
A
T
E El señor de las moscas, William Golding


C
Ó Ojos que no ven, J. Á. González Sainz
S
M Mareas y marmullos, Víctor Álamo de la Rosa
I Instrucciones para salvar el mundo, Rosa Montero
C
Orwell, George, Rebelión en la granja

2 comentarios:

  1. Interesante el libro!
    me encanta ver como vas completando mi reto! ^^
    Gracias mil por apuntarte
    un beesote

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  2. Sí que es interesante, la verdad. Al final me va quedando un conjunto de libros de lo más variado. De hecho, mi siguiente lectura va a ser una novela negra. :) Otro besote para ti.

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