martes, 23 de junio de 2015

Metaliteratura en El Quijote

Probablemente uno de los aspectos que más nos sigue fascinando de El Quijote es la capacidad de Cervantes para incluir ficción en la ficción, es decir, el punto de vista metaliterario que informa toda la obra. 

Ya en la primera parte del libro se explica con detenimiento el tipo de libros que hace perder la cabeza a nuestro hidalgo, y con la lectura de la criba que llevan a cabo el cura y el barbero en la biblioteca de Alonso Quijano se abre un debate sobre la buena y mala literatura. Cervantes se permite la licencia de salvar sus libros más valorados por él mismo, como La Galatea. 

También hay metaliteratura en las diferentes discusiones sobre libros que aparecen a lo largo de la obra. Precisamente Cervantes dibuja a un Quijote muy cuerdo que aporta argumentos perfectamente razonados para defender sus tesis sobre arte y literatura. Podría decirse que Cervantes elabora su propia teoría literaria a través del diálogo y las acciones de sus personajes. 

La genialidad de Cervantes ha hecho que nos haga creer que hay varios narradores ajenos a él. Hasta la aventura del vizcaíno el narrador asegura haberse inspirado en unos documentos históricos, y el resto está basado en el relato de Cide Hamete Benegeli, un cronista árabe. De este modo, Cervantes combina perfectamente la verosimilitud que defendía para el hecho literario, al tiempo que puede narrar los más inverosímiles episodios que su imaginación pudo crear para Sancho y Don Quijote.

Por otro lado, también hay metaliteratura en todas las historias intercaladas que aparecen en la obra. Todas remiten a los diferentes géneros literarios que estaban tan en boga en el Renacimiento: novela pastoril, novela bizantina... 

El Quijote es un libro estupendo para conocer la realidad literaria del XVI y para tener claro el punto de vista que Cervantes tenía sobre literatura, sus gustos y preferencias, en fin, su teoría literaria. 

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