domingo, 31 de mayo de 2015

The best of Leo Bassi

Leo Bassi siempre me ha parecido un tipo genial. Un irreverente sabio como corresponde a los bufones. Un payaso que ha heredado la profesión que su familia ha ejercido durante generaciones, y por la que siente un profundo respeto. Debo reconocer que en mi infancia me daba pánico su figura: jamás iré a ver a este tío por si me tira un huevo (o media docena), hace explotar una mierda en el público, o arroja espuma de afeitar con una manguera, entre otras mil cosas. Eso me decía. Pero hace un par de semanas Leo Bassi recaló en Canarias con su espectáculo The best of Leo Bassi y allí que me fui. Diré en honor a la verdad que no me senté en el patio de butacas sino en uno de los anfiteatros del Teatro Leal de La Laguna, y diré también que esto fue un acierto total. 

En este espectáculo recopila los momentos que más le han gustado de su carrera. Lo que más me gusta de él es que entiende el humor (su humor particular, ácido, negro, inteligente) como elemento indispensable para sentar las bases de la necesaria reflexión sobre lo que nos rodea. Pensó desde los inicios de sus carrera que el humor (su humor) era inevitablemente complementario de la política, de la economía y de la actualidad. 

Un espectáculo que va de menos a más hasta un final apoteósico. En el escenario solamente aparece un trono rojo muy elegante franqueado por unas latas de refresco que serán protagonistas después del consabido reparto de chubasqueros para protegerse. Leo Bassi dice algo así como que su humor es como la democracia: putear a unos pocos para contentar a la mayoría. Por eso suele mojar o manchar a los "privilegiados" de las primeras filas, para que el resto, desde la tranquilidad de sus asientos resguardados, se descojone a mandíbula batiente. Un ejercicio de reflexión genial. 

Su show termina con la solicitud de un grito atávico por parte de todo el público, y con la invitación a que no nos conformemos por sistema. 

Me encantó. 

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