domingo, 24 de mayo de 2015

La barraca, de Vicente Blasco Ibáñez

Los libros escritos en la España del XIX me interesan muchísimo. De hecho, había leído hasta el momento la gran mayoría de los textos más representativos de este momento histórico, pero me faltaba La barraca, de Blasco Ibáñez.

Infatigable luchador y republicano convencido, sus ideales políticos determinaron su vida (fue un político activo y movedor de conciencias en Valencia, y se vio condenado por ello al exilio), y su obra, en la que retrata la dura realidad social de la que fue testigo. 

Un ejemplar de este libro estuvo siempre en la casa de mis padres, pero nunca lo había leído. Lo recordaba perfectamente: tapa dura marrón, con un dibujo peculiar que difícilmente hubiera entendido ningún niño, pero que provocó en mí un recuerdo de esos que aguantan el paso del tiempo y se mantienen firmes, y una tipografía para el título igualmente inolvidable. Siempre recordé ese libro. A miles de kilómetros de distancia y unos 20 años después, hace unos meses me reencontré con ese recuerdo. Alguien vendía una edición de segunda mano muy similar a la que conocí en mi infancia, y no me pude resistir. Descubrí que ese libro que tanto llamaba mi atención hace años era un ejemplar de La barraca de Ibáñez, autor que despertó mi interés en la universidad. Me hice con él sin pensármelo. Me alegro muchísimo de este golpe de fortuna. 

Se trata de un libro absolutamente conmovedor y desgarrador. Cuenta la usura de los terratenientes sin alma que abusaban de aquellos campesinos a los que arrendaban sus terruños, y cuenta la vida paralela a todo orden que se organizaba en el campo: sus jerarquías, su particular conciencia de lo colectivo, su sentido de la justicia marcado inevitablemente por la enraizada honra. No peca Ibáñez de incurrir en falsos lirismos. Las emociones que despierta son tristemente reales. 

El tío Barret, asediado por las deudas que le genera el arrendamiento de unas tierras pactado con el señorito Salvador, el judío propietario que impone unas condiciones insolidarias e injustas, se ve obligado a rendirse con unas tierras que ha cultivado su familia durante generaciones. Los campesinos juran que nadie jamás volverá a vivir de esas tierras, pero tras diez años la familia de Batiste las toma para cultivarlas y vivir en ellas. Su familia se ve sometida a una hostilidad que tendrá consecuencias fatales para algunos de sus miembros. La hija mayor del nuevo campesino verá cómo sus amores con un joven vecino se ven interrumpidos, así como su labor en una fábrica de la ciudad. Los niños sufren un terrible acoso cuando van a la escuela. Y el padre de familia encuentra el odio del resto de campesinos en su actividad diaria en la huerta. La vida en la barraca es para ellos un auténtico infierno, pero tratan de sobreponerse a las adversidades y salen adelante como buenamente pueden. Tras un lamentable episodio que despierta el sentimiento de culpa de toda la comunidad por su comportamiento con la familia de Batiste, parece que la convivencia se tranquiliza, pero no  será más que un espejismo. Aún queda un terrible golpe para esta familia. 

Es una novela dura muy recomendable para aquellos que estén interesados en acercarse al realismo español decimonónico, o para aquellos que busquen una historia muy bien narrada, enmarcada por unas descripciones soberbias de la huerta valenciana. Es una obra igualmente recomendable para aquellas personas que quieran reconocerse en el pensamiento de Blasco Ibáñez comprometido con las clases más desfavorecidas, y que tenga un interés histórico por esto de la usura de los poderosos, tema tan tristemente actual. 


2 comentarios:

  1. sé que lo leeré, no sé cuando, pero terminará cayendo
    un beesito

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    1. Pues ya me dirás si te emociona tanto como a mí. La próxima lectura será para seguir completando tu reto. Un abrazo grande.

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