domingo, 31 de mayo de 2015

JETA DE CEMENTO mayo 2015

Hay varias razones por las que quise esperar hasta el último día del mes para decidir a quién dedicaría mi premio mensual en este mayo del 2015. Uno de ellos es la poca cantidad de tiempo de que dispongo, pero hay una que tiene más peso. Este mes fue el de la feroz campaña de Aguirre, su posterior derrota, y sus reacciones y propuestas postelectorales totalmente fuera de lugar y surrealistas. Quería esperar a que acabara el mes para que la señora Aguirre me terminara de sorprender, y eso que con lo de los soviets y la destrucción de la democracia occidental tal y como la conocemos que según ella pretende Carmena, y con su propuesta a Carmona arrastrándose como la perdedora que es, el listón estaba bastante alto. Por tanto, aunque era evidente que no iba a decir más tonterías en lo que queda de mes, ya tenía una candidata de lujo para mi premio. Por cierto, empezó a ganárselo (insisto) desde la campaña, con esas acusaciones a su rival político directo que iban cayendo encima de ella con todo su peso una detrás de otra. La pobre: no da para más. 



Pero revisando la prensa de hoy me topé con algo que me indignó muchísimo. Aguirre es una señora mayor que, patologías al margen, si es que las hubiera, es plenamente responsable de sus actos y de sus palabras. Sobre su conciencia pesará haber logrado que una horda incivilizada de ancianos agrediera, amparada en las razones aportadas por la lideresa en estos días, a dos periodistas. Sobre su conciencia caerá (o no, cualquiera sabe) que otras caras del PP se sumen a la paranoia apocalíptica sembrada por Aguirre y hablen con total normalidad e impunidad de que la situación en España puede ser la de la Alemania prenazi tras unas simples elecciones municipales y autonómicas. Insisto: es mayorcita para saber lo que genera con sus palabras. Pero nuestro protagonista aún depende de sus padres, que son los que, pobrecitos, deberían responder por lo que haga el chiquillo en cuestión. Estoy hablando del bueno de  Froilán. 

Ya sospechábamos que al muchacho algo no termina de funcionarle en su borbónica cabecita. No se puede juzgar a nadie por eso, y no seremos nosotros los que lo hagamos, evidentemente, por autodispararse en el pie o por repetir cursos muy elementales de la educación obligatoria. Pero hay comportamientos que se aprenden en casa, y esos sí podemos (debemos, incluso) juzgarlos. A este jovnencito, cuyos padres se alzan hoy con nuestro premio por no saber educar a su prole y por permitir que abusen del poder que tienen porque sí, no por mérito de ningún tipo, desde pequeños, se le ocurrió la brillante idea de usar su supuesto privilegio anacrónico para colarse en el parque de atracciones. Y no contento con eso, lo hizo insultando y denigrando: "¡Tú cállate, puto chino!", dijo el principito a un chico que hacía cola para subirse a una atracción. ¿Dónde aprendiste eso, pequeño? ¿Quién te dijo que tú no tienes que hacer cola si no lo deseas? ¿Quién te explicó que la realeza te hace superior? En definitiva, ¿tú quién te crees que eres?

Sea este premio extensible para todos los padres que educan mal a sus hijos: los padres de los niños que no saben comportarse en clase, que pegan a otros compañeros en la escuela, que tiran las cosas al suelo, que no valoran lo que se hace por ellos, y, cómo no, que no saben lo que es un turno. Todo eso, queridos, directa o indirectamente se aprende en casa. Si no tienen tiempo y cabeza para educarlos...no los tengan. 

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