viernes, 22 de mayo de 2015

Elecciones del 24M

No he querido ni mirar las encuestas porque me horrorizaría comprobar que el inmovilismo triunfa de nuevo y seguimos prefiriendo lo malo conocido. Prefiero vivir la noche electoral en directo y dejarme llevar. De todos modos, me apetece hacer un ejercicio muy sano de sentido común y apuntar aquellos motivos por los que si el PP saliera airoso de estas elecciones perdería la fe en esto llamado España de manera definitiva. He aquí la lista de los horrores.


1.- En primer lugar, el despotismo de Esperanza Aguirre. Se cabrea cuando se filtra su declaración de la renta (no se filtraría si no fuera sospechosa de favorecer a las empresas de su marido, evidentemente), pero no se indigna si se filtra la de alguno de sus enemigos políticos (ella no tiene contrincantes: tiene enemigos). Además, ¿por qué debería cabrearse? ¿No aspira a la transparencia total? ¿Tiene algo que pueda perjudicar su éxito en las urnas? Más allá de su comportamiento en esta campaña lo que no alcanzo a entender es por qué demonios se postula a la alcaldía de Madrid. ¿No se supone que se había retirado de la política? Pues no. Pretende perpetuar el chollo de la gestión pública estirándolo al máximo. No nos cuestionaríamos si esto es ético de no haber tantos casos de corrupción en el entorno de la condesita. Sirva de ejemplo Granados, que verá el resultado de las elecciones desde un trullo inaugurado por él mismo. Y todavía se permite Aguirre decir que determinadas cosas no pasarían si aquí hubiera un sistema como el inglés. Pues tiene toda la razón del mundo: una mujer como ella jamás podría optar a la alcaldía de Londres. Le ha hecho un flaco favor a su candidatura, y ha hecho subir a Carmena como la espuma. Los votantes de PODEMOS le deberán mucho. Estaremos atentos a lo que pase en Madrid este domingo. 

2.- Estaremos pendientes de lo que sucede en Madrid, así como no quitaremos ojo a Valencia. Si el PP se hace de nuevo con la Comunidad Valenciana, y triunfa en los ayuntamientos de las ciudades más importantes, esto solo podrá significar dos cosas: o los valencianos son cómplices, o hay tongo. Episodios como el de Castedo, o el del señor Rus contando billetacos de las mordidas, o la sospecha permanente de Barberá, investigada ya por Anticorrupción, o los trapicheos demostrados con Calatrava, camuflados en ampliaciones de presupesto, o las actuaciones y declaraciones despreciables de Fabra (no podemos evitar acordarnos de su hija cuando pensamos que se debe estar jodiendo de lo lindo en la cárcel) o de Cotino... Si con todo esto vuelven a ganar votos como lo hacían hasta el momento no sabré qué pensar, en serio.

3.- Y si lo consiguen no creo que sea  de locos descartar el pucherazo. ¿Saben ya que han pillado a unos peperos de Melilla con una cantidad ingente de votos por correo entre manos? Muy normal no es, la verdad.¡Qué grande le queda la palabra democracia a veces a este país!

4.- Toda esta panda de gerentes de lo público está perfectamente avalada por el presidente, claro está. Eso es motivo suficiente para no concederles ni un solo voto. ¿Cómo se puede confiar en nadie que cuente con el respaldo de alguien que destruye pruebas en una investigación como la de Bárcenas, que no dimite después de que un juez reconozca que hay una caja B, que aún no ha dicho ni una sola palabra sobre la que lió Rato, el milagro de la economía española?


Pues eso, que se nos viene encima un domingo de lo más interesante.



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