domingo, 31 de mayo de 2015

El último lobo, de Jean-Jacques Annaud

Es Jean-Jacques Annaud un direcctor de producciones caras y de mucha complejidad técnica, pero deliciosas al paladar del amante del buen cine. Probablemente su obra más conocida sea la adaptación cinematográfica de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa, pero su especialidad es un cine de corte ecologista que plantea al espectador dudas acerca de nuestro comportamiento como especie. En este sentido es inevitable recordar títulos como El oso o La guerra del fuego.La película de la que hablaremos a continuación encaja perfectamente en esta  nómina de títulos. 

En plena Revolución Cultural china, dos estudiantes de Pekín llegan a un pueblo del interior de Mongolia habitado por pastores nómadas. La intención de este intercambio cultural era que los estudiantes enseñaran a leer y escribir a los pastores, a cambio de que ellos comprendieran su modo de vida y las labores del campo. Por una cuestión que evitaré para no destripar la trama, el Estado da la orden de acabar con los lobos antes de que estos pongan en peligro el sustento de la comunidad o supongan cualquier amenaza. Obviamente, los lobos tienen buenos motivos para defenderse. El caso es que uno de estos estudiantes, fascinado ya con estos animales, decide tomar uno de los cachorros y criarlo por su cuenta a escondidas del resto. El conflicto está servido.



Vale la pena por descubrir los paisajes de Mongolia a través de una fotografía de sobresaliente y de un cuidadoso tratamiento de las escenas rodadas en exterior (que son la mayoría). Vale la pena por el mensaje que busca transmitir el director francés, aunque haya que poner un poco de nuestra parte para dar la credibilidad necesaria a la historia. No se sostiene mucho que tardaran tanto en descubrir al animalito escondido en un zulo al lado de su yurta. Y vale la pena por la astucia técnica de este director y la resolución de sus ambiciosos proyectos cinematográficos. 

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