miércoles, 15 de abril de 2015

Camino a la escuela, de Pascal Plisson

Hace poco tuve la oportunidad de ver Camino a la escuela,un documental que cuenta la historia de cuatro niños de distintos países (Kenia, India, Marruecos y Argentina) que deben superar cada día para llegar a su centro escolar un montón de obstáculos de diferente naturaleza. Me gustó ver en la sala muchos niños y adolescentes pero, como esta era relativamente pequeña y en esta ciudad nos acabamos conociendo todos, lamenté no ver allí a alguno de mis alumnos. Créanme si les digo que pienso que muchos de ellos no se merecen la educación que tienen (no hablo de la calidad, claro, sino de la posibilidad), y les vendría bien  encontrarse con una realidad diferente por aquello de educar también su capacidad de empatizar. Aunque no termino de estar segura de que les quedara claro el mensaje. 

La peli está muy bien y cuenta cuatro historias realmente conmovedoras, pero tengo que decir que esperaba un documental menos popular y más comprometido. Dice Pere Vall, en su crítica para Fotogramas, que este documental no es un reproche, sino una constatación: no puedo estar más de acuerdo. A cambio, tiene una fotografía muy buena, unas historias interesantes cuyos protagonistas (sobra decirlo) tienen mi total admiración, y una buena intención por parte de Pilsson.

Me conmovió particularmente la historia de Carlitos, que todos los días recorre los 18,5 km que separan su casa de su escuela. Lo hace a caballo y con su hermana Micaela por las solitarias llanuras de la Patagonia. El sueño de Carlitos es morir en las tierras que le vieron nacer, que son suyas y de su familia. Quiere continuar cuidando el ganado  familiar, pero quiere hacerlo como veterinario. Su apego me conmovió. 



Samuel es un valiente que debe vencer, además de las del camino, sus propias dificultades. Y no lo hace solo porque sus hermanos le acompañan cada día empujando su vieja silla de ruedas hasta llegar al colegio. Zahira cada lunes emprende un camino de 22 km por el Atlas para conseguir su objetivo, y Jackson y su hermana deciden cada día el camino que les llevará a su colegio evitando los animales que pueda haber en él. 




La peli tiene un final esperanzador, feliz y previsible. Para quien iba con intención de ver un documental bastante más combativo no es un final inesperado. La peli, solo en ese sentido, no me dejó buen sabor de boca, pero haber conocido a esos niños es una buena oportunidad para reparar en que en este lado del mundo en el que aparentamos tener de todo no tenemos más que los problemas que nos inventamos. 

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