domingo, 15 de marzo de 2015

La locura en Don Quijote

Probablemente la mayoría de la gente sepa que El Quijote habla sobre un hombre que se volvió loco por culpa de los libros de caballerías. Pero el tema de la locura es mucho más que un punto de partida para la creación de este personaje y de su historia. Nada es azaroso en la obra de Cervantes.

Para empezar, cabe señalar que la locura de Don Quijote está motivada por la literatura, concretamente por aquella literatura que según Cervantes no es de suficiente calidad o es directamente mala.Tal es el caso de los libros que cuentan las historias de anacrónicos caballeros andantes, y que fueron el principal desencadenante de la locura de Alonso Quijano. En el episodio de la quema de libros solamente se salvan algunos (Tirant lo Blanch, Amadís de Gaula...), lo que nos lleva a ver con claridad qué pensaba Cervantes de este tipo de obras. Pero Don Quijote es un auténtico monomaniaco de la literatura. Cuando el desarrollo de la historia hace que definitivamente tenga que apartarse de su empeño por desfacer entuertos al modo de los caballeros de estas novelas, propone a Sancho Panza que se conviertan en pastores como aquellos que conoció en las novelas pastoriles. Estos textos también influyen en su locura. Fantasea con los nombres que tendrán todos los que le acompañen en su fantasiosa etapa pastoril. Cuando obra sin estar bajo la influencia de ese mundo que se ha creado con sus lecturas, es un hombre bastante lúcido y capaz. 

Para seguir con este acercamiento a la locura de Don Quijote nos centraremos a continuación en las fases que conoce. En primer lugar Don Quijtoe experimenta un desdoblamiento de personalidad que durará muy poco tiempo y que dará lugar a algunos episodios delirantes. Cree que es alguno de los personajes de aquellos libros que le han trastornado. La segunda fase de la locura quijotesca es la más célebre de todas. Don Quijote modifica la realidad según sus delirios. Así, donde hay molinos él ve gigantes porque esto se adecua mejor a su fantasía, y donde hay rebaños él ve ejércitos con todo lujo de detalles, y distingue el linaje de los respectivos líderes por los emblemas de sus escudos cuando lo único que hay es lana y balidos. Sancho empieza esta etapa tratando de hacer entrar a su amo en razón, pero termina por perderle esa lealtad que se le debe a un caballero porque se da cuenta de que Don Quijote no es tal, y empieza a sacar provecho de la condición de su amo. Pronto le hará creer cosas que no son. Esto se termina de confirmar en la tercera salida, en la que Don Quijote deja de engañarse a sí mismo pero empieza a recibir mentiras de quienes le rodean. Sancho le miente con Dulcinea, los duques se burlan de él constantemente...Además, hay un giro interesante. La parodia que viven en el palacio de los duques hace que Sancho se contagie de esos delirios: cree que gobierna Barataria.





Cervantes usa la locura como una máscara para encubrir su intención de crítica social constante a lo largo de la obra. El lector que sea consciente de la capacidad crítica de Cervantes y de su magistral uso de la ironía, comprenderá que poner en boca de un loco discursos como el de la edad de oro o el de las armas y las letras permite criticar una sociedad con pocos y desdibujados valores, evitando que el peso de la censura cayera sobre sus hombros.

En un giro genial, Cervantes hace que esta locura que ha sido hilo conductor de la vida de Quijote y de Sancho en la obra, se convierta en el elemento clave de la paradoja final de la obra. Don Quijote muere cuerdo, reconociendo la enajenación provocada por sus temerarias lecturas.








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