domingo, 4 de enero de 2015

Aproximación al Quijote I

A pesar de ser el mayor tesoro literario en lengua española, parece que a muchos les cuesta acercarse a la lectura de El Quijote de Cervantes. Quizá asuste su extensión, o la sensación de lejanía sobre lo escrito en esta obra genial, o la distancia entre el estadio lingüístico de Cervantes y el actual. Toda dificultad es compensada con la lectura de una obra completísima y cautivadora. A quienes temen acercarse a su lectura podemos debemos invitarles a confiar en que, superadas esas barreras con forma de prejuicio, serás más las sorpresas agradables que las dificultades del texto. Los que hemos disfrutado de la obra maestra de la prosa cervantina no tenemos más remedio que reconocerle al padre de Don Quijote y de Sancho Panza el enorme mérito de haber logrado una obra universal y atractiva más allá del paso del tiempo, una obra cargada de la sabiduría popular y de una extraordinaria riqueza lingüística, histórica y literaria, una obra arriesgada desde el punto de vista de la técnica, y un texto para saborear a cada página. 

Hoy nos gustaría hacer un dibujo divulgativo de la estructura interna de la obra con el objetivo de acabar con algunos de los prejuicios que dificultan su lectura, y con la esperanza de que nuestros lectores y seguidores sientan la curiosidad suficiente para querer acercarse a esta centenaria obra. 

PRIMERA SALIDA

Como muy probablemente sepan, la obra se divide en tres grandes partes que recogen las tres ocasiones en las que Don Quijote abandonó su aldea en busca de aventuras. Presentaremos aquí una breve sinopsis de la primera en la que destacaremos los episodios más relevantes de esta primer parte del libro. 

Alonso Quijano, un hidalgo manchego desentendido de su patrimonio, decide un día convertirse en un caballero andante movido por la locura que le han provocado los libros de caballería que lee y relee compulsivamente. Se rebautiza con un nombre caballeresco, se las ingenia para crear un amor incondicional en cuyo nombre y por cuya defensa "deshacer entuertos", y rescata una vieja armadura de sus antepasados. Abandona la aldea a escondidas de su sobrina, y vaga sin rumbo a lomos de su caballo, también rebautizado como Rocinante. Adopta un modo de hablar presuntamente más elevado y pedante que sirve a Cervantes como una eficaz herramienta para burlarse del anacrónico tono de los libros de caballería. 

Don Quijote es armado caballero en una ceremonia nula perfectamente resumida por el cervantista Martín de Riquer en su obra Para leer a Cervantes (Acantilado, 2010): "Al atardecer, después de un día de vagar por despobaldo, llega a una venta o mesón que en su mente se transforma en un castillo. Se inicia aquí una de las fantasías de la enfermedad mental del protagonista, que consiste en acomodar la realidad, por lo general vulgar y corriente, a su exaltada fantasía literaria. (...) Don Quijote, convencido de que el ventero, o propietario de aquel infame mesón, era el castellano de lo que él cree que es un castillo, le pide que le arme caballero, a lo que aquél, hombre maleante y socarrón, accede para evitar ciertas pendencias que no tardan en iniciarse y para burlarse de aquel estrafalario loco". Una vez ordenado caballero (siempre según su criterio, claro está), empieza a buscar aventuras. Y pronto las encuentra. 

En el episodio de ANDRÉS y JUAN HALDUDO cree ayudar a un mozo que está siendo severamente castigado por su amo, y lo hace sin saber que verdaderamente le está perjudicando. Y en la aventura de los MERCADERES sufre una humillación que no hace sino aumentar su locura. Dos aventuras, dos fracasos: el sino de nuestro hidalgo empieza a definirse.

Con estos hechos, la primera salida de Don Quijote llega a su fin. Las dos personas que vivían con él (su sobrina y el ama que cuidaba de su casa), así como sus dos amigos más cercanos (el cura y el barbero), tenían claro que la locura del que se creía nuevo caballero destinado a hacer justicia y hazañas gloriosas se debía a la lectura compulsiva y desordenada de libros de caballería. Querían evitar que Don Quijote volviera a cometer la insensatez de salir de la aldea para regresar herido y humillado, por lo que decidieron acabar con el problema de raíz: mientras el hidalgo dormía y se recuperaba, quemarían sus libros no sin antes hacer un escrupuloso ESCRUTINIO que salvará de la quema a los libros de demostrada calidad literaria que poblaban la rica biblioteca de su amigo. En este capítulo Cervantes hace todo un ejercicio de crítica literaria, así como una burla de las novelas caballerescas más célebres y fantasiosas, cumpliendo así con el objetivo principal de su obra más celebrada. El ego cervantino hace que una de las obras salvadas de la quema sea La Galatea, obra de corte pastoril firmada por Cervantes.

En la próxima entrega de esta sección nos dedicaremos a conocer los episodios más destacados de la segunda salida. 

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