jueves, 6 de noviembre de 2014

Un poema de César Vallejo

César Vallejo no es un poeta fácil de leer. Humanista por definición, su lenguaje poético bebe de las vanguardias en busca de su personal y compleja voz. En esta ocasión me gustaría compartir uno de sus poemas más sencillos desde el punto de vista formal, pero intensamente emotivo y solidario en su contenido. Disfrútenlo.


Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: "¡Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos, 
con un ruego común: "¡Quédate, hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar.


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