miércoles, 12 de noviembre de 2014

JETA DE CEMENTO noviembre 2014

Desde luego, este mes está siendo muy activo en esto de las corruptelas. Hemos tenido que hacer una criba para poder elegir al premiado del mes, pero lo hacemos con la confianza de que los candidatos que quedan atrás en esta ocasión volverán pronto a la palestra de la vergüenza. Granados empezó fuerte, postulándose con tanto empeño que pasa ya sus primeras semanas en la cárcel, para sorpresa de Esperanza Aguirre, que nada sospechaba, que nada sabía. También tenemos muchas esperanzas puestas en  El pequeño y entrañable Nicolás. Esperemos que en las próximas semanas podamos tener acceso al sumario de su caso para ponerle así en lo más alto de este podio de corruptos, tal y como presuntamente se merece. La chulería de la alcaldesa de Alicante y del vicealdalde de Valencia (Sonia Castedo, alias "La doblemente imputada", y Alfonso Grau) no ha sido suficiente para obtener nuestro premio, y es que...el amor ha triunfado. 

El ganador del JETA DE CEMENTO de este mes es el senador del amor, el latin lover del PP, el Willy Fog de Extremadura: José Antonio Monago.

Él sabe, como la Carrà, que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Por eso, como buen extremeño conquistador, no dudó en regalarse más de 30 viajecitos a las islas para verse con una compañera de partido con la que compartía mucho más que ideales políticos. ¡Qué bonito es el amor cuando el contribuyente paga las visitas a tu media naranja!

Monago debe lamentar profundamente que sea precisamente ahora cuando se filtre esta deshonrosa información. Había llevado con cierta dignidad esta incómoda situación de gobernar junto a IU y se presentaba como una de las caras más amables del PP, o al menos de este PP bajo sospecha permanente (en el país de los ciegos, el tuerto es el rey). Parece raro que todo este turbio asunto de los viajes a las islas salga ahora, ¿verdad? Nos encantaría saber los detalles de cómo salió la noticia a la luz.

Nuestro ganador jamás se hubiera alzado con el premio de este mes si hubiera explicado razonablemente lo sucedido, e incluso si hubiera sabido rectificar a tiempo. Pero antes de solicitar la comparecencia en los organismos pertinentes para explicar lo que todos sospechamos aseguró que lo sucedido era perfectamente normal. Es decir, que los senadores tienen transporte a su disposición para llevar a cabo todas las ocupaciones propias de su cargo. Pero, ¿qué responsabilidades políticas pueden llevar a un senador por Extremadura a Tenerife? Ofendido por las insinuaciones, aseguró que, por supuesto, no va a dimitir. Y todo esto, con el total respaldo de su partido y, por tanto, del Gobierno de la nación. El jurado de este premio mensual valora mucho este tipo de comportamientos: las mentiras dichas con tanta tranquilidad y sin ruborizarse ni lo más mínimo son síntoma inequívoco de tener toda una jeta de cemento.  Finalmente aseguró que devolvería cada uno de los céntimos invertidos en esos viajes de "trabajo como senador". Por cierto, no busquen nada de información sobre este tema en la televisión autonómica bajo el mando de Monago. Ya saben, la tele del pueblo. Quedamos a la espera de sus explicaciones del día 27 de este mes, ya que quizá ese día tengamos la versión definitiva de lo sucedido.

Más allá de la honorabilidad del señor Monago, este asunto ha generado un debate sobre los privilegios de los senadores y de los diputados. Al margen de lo legítimo  que pueda ser que los desplazamientos de estos señores corran a cargo del dinero de los contribuyentes, está el descontrol que se tiene sobre la tramitación de estas gestiones. No están obligados a dar el motivo de ninguno de los viajes que compran en las agencias de las Cámara, según podemos leer en El País. No hay transparencia de ningún tipo, como hemos podido comprobar. El propio presidente del Congreso ha declarado que está totalmente en contra de que la institución que preside controle o administre los viajes de los diputados. ¡Viva el vino!, como diría Miguel Ángel Revilla. Casi 20.000 euros al año para los viajes de cada diputado,  y 3.000 más para taxis sin restricciones horarias (en el Reino Unido los diputados pueden usar este medio de transporte exclusivamente en horario nocturno), y no hay que establecer ningún protocolo de control. ¡Como si fueran de fiar! Cabe aún alguna pregunta más: ¿por qué hemos permitido que los que ejerzan el ejercicio de la política se hayan convertido en privilegiados en nuestra cara y a nuestra costa?

En esta ocasión queremos además hacer una mención especial a una repugnante publicación que se ha podido ver en la prensa de estos días. Nuestro premiado viajaba asiduamente a las islas para visitar a una compañera del partido residente en Santa Cruz de Tenerife. Esta misma mujer, como ya todos saben, mantuvo un tiempo después otra relación con otro pepero, en este caso de Teruel, y al parecer con una vivienda en la isla. La Razón solamente es capaz de dar una interpretación: esta mujer es una "cazadiputados". El PP le exculpa y arropa en un acto público para que quede claro que le han traicionado y están de su lado, y este medio de comunicación prefiere que la responsabilidad caiga sobre esta mujer. ¿Creen que le obligaba a pagar los vuelos con el dinero de todos? No podemos explicar el asco que nos provocó esta portada. Quizá para publicaciones de este tipo deberíamos crear el premio NÁUSEA DE ORO, pero sería injusto que se lo llevara el 90% de las veces el mismo.

Pues nada, querido Monago, disfruta de tu premio. Y de lo que te queda de legislatura. 

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