viernes, 28 de noviembre de 2014

Ballenas y delfines: ¿en libertad o en cautiverio?

El miéroles asistimos en el Ateneo Miraflores (Santa Cruz de Tenerife) a la primera de las sesiones del encuentro "Ballenas y delfines: ¿en libertad o en cautiverio?". En esta ocasión Mercedes Hernández Domínguez, coordinadora del proyecto Gran Simio y Cetáceo Libre, fue la encargada de dar comienzo a la actividad con una charla que invitaba al debate sobre la situación de estos animales sorprendentes que nos empeñamos en poseer, maltratar y explotar. En su intervención Mercedes aportó datos sobre cómo afecta la cautividad a los hábitos de los cetáceos, y sobre el estado de la cuestión en los diferentes países del mundo. El negocio de la naturaleza cautiva es muy fructífero en España, que es el país europeo con mayor número de delfinarios. En este mapa de la vergüenza, Canarias se sitúa como la segunda comunidad autónoma con más cetáceos explotados, sólo por detrás de la Comunidad Valenciana. 

A continuación tuvo lugar la emisión de la película documental Blackfish. Cuando me enteré del estreno de esta cinta tuve un gran interés en verla, pero en la isla su proyección duró solamente cuatro días y no recibió ningún tipo de publicidad. No sea que la gente del Loro Parque se enfade. Apenas nos enteramos de la existencia de una película que ha causado un enorme impacto en el resto del mundo, y que ha logrado que muchos ciudadanos se cuestionen su opinión sobre los espectáculos con  mamíferos marinos. La peli conjuga a la perfección la doble vertiente del problema: el hecho en sí del cautiverio y lo que ello supone para los animales, y el resto de situaciones lamentables alrededor de este hecho, especialmente el peligro de los entrenadores de orcas. Blackfish cuenta la historia de Tilikum, una orca responsable de la muerte de tres entrenadores. La tesis que se defiende es que este animal se vuelve agresivo tras ser separado de su familia de manera violenta, y por las pésimas condiciones de vida que tiene en los parques en los que le obligan a trabajar. Se ataca directamente a los gigantes de este negocio, especialmente a SeaWorld, donde malvive y es explotada. Tilikum es un semental que ha tenido doce crías cuyos destinos también parecen estar vinculados a que algunos se lucren manteniéndolas en un hábitat ajeno a su naturaleza. Estos magnates del maltrato animal, pertrechados de su correspondiente gabinete de abogados, y avalados por los ingentes ingresos anuales que consiguen, esquivan las acusaciones y mienten a la gente para mantener su imagen limpia. No es cierto que la mayoría de los ejemplares de orca terminen con su aleta dorsal doblada. Eso sucede si están en cautividad. No es cierto que su esperanza de vida aumente. Al contrario, disminuye notablemente mientras los turistas pagan y aplauden. No son ballenas asesinas: son ballenas que se defienden. Y no son juguetes para el lucro del humano de turno: son familias.

Tras la proyección tuvo lugar un rico debate. Loro Parque ocupó un buen espacio de éste. Su éxito entre el gran número turistas que recalan en la isla principalmente para visitar este centro, y el importante número de contratos publicitarios que maneja, hacen de este lugar una máquina de hacer dinero y, por tanto, es un intocable apoyado por las instituciones de todo el archipiélago. En las diferentes intervenciones se destacó algo que aparecía recogido en la película: este tipo de parques mienten sin pudor. Los animales no viven más en cautividad que en libertad, ni están más contentos en sus jaulas que fuera. Uno de los asistentes hizo a este respecto una metáfora muy acertada. Si a cualquier humano nos encarcelaran en el sitio más estupendo del mundo, con comida garantizada a diario, y piscina, y solarium y todo tipo de comodidades, tampoco querríamos estar así el resto de nuestras vidas. No seríamos capaces de renunciar a nuestra libertad por esas comodidades. ¿Qué nos hace pensar que a las orcas sí? Y, por otro lado, ¿quiénes nos creemos para decidir por ellas? Otros asistentes insistieron en la obsesión del ser humano por controlar todas las especies. La educación juega un papel crucial en este asunto, y evidentemente salió a relucir en el debate. El motivo principal por el que los adultos van a este tipo de parques es para que sus niños vean a los animales. ¿Qué les estamos enseñando sobre animales?  ¿Qué opinión se van a formar de este asunto si les compramos un peluche de orquita precioso y les hacemos pasar una jornada inolvidable?



Desde Aguacate Cósmico fuimos a este acto plenamente convencidos de que visitar lugares como el Loro Parque, o llevar a los niños al circo no es sino la más evidente muestra de que somos una especie despreciable. Aún así, aprendimos muchísimas cosas y nos sentimos muy felices de que la perspectiva de la gente con respecto a los animales vaya, poco a poco, cambiando de rumbo. Comprendemos que es un reto difícil, ya que vivimos en un país en el que se sigue considerando cultura maltratar a un toro hasta la muerte, pero emergen voces cargadas de sentido común entre tanto despropósito. Y se agradece especialmente que esto suceda en un lugar al que cada año cientos de discapacitados emocionales asisten para aplaudir a las orcas maltratadas y encima pagar por ello una pasta gansa.

El 3 de diciembre tendrá lugar la segunda sesión de este pequeño ciclo que persigue concienciar a más ciudadanos y que más gente se comprometa con esta causa tan necesaria. Proyectarán el documental The Cove, que gira en torno a la caza salvaje de delfines. Aquí les dejo el trailer por si se animan a acercarse al Ateneo Miraflores.


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