sábado, 20 de septiembre de 2014

Una historia diferente de memoria histórica

En estos días pude leer un manual para acercarse al estudio de la asignatura "Orígenes y Desarrollo del Trabajo Social". Esta asignatura pertenece al primer curso del Grado de Trabajo Social , y forma parte de un grupo de materias de tipo introductorio en el que también encontramos "Introducción a los Servicios Sociales" y "Fundamentos del Trabajo Social". Es evidente que aspiran a situar al alumno recién llegado a la carrera, a familiarizarlo con la terminología principal propia de esta disciplina, y a hacerle partícipe de los acontecimientos más importantes de la historia de la que será su profesión. 

En uno de los apartados de este manual se ofrece una relación de aquellos acontecimientos que nos permiten hablar del reformismo social en España, y de las consecuencias que estos cambios han tenido en la sanidad y en la educación actuales. En primer lugar cita la fundación del Instituto Nacional de Previsión en 1908. Su importancia reside en que sienta precedente: se trata de la primera institución oficial encargada de la asistencia sanitaria en España. Entre sus objetivos principales debemos destacar el de hacer ver a la población la necesidad de formar parte de esta red de asistencia que pudiera intervenir en caso de accidente. Tras este objetivo altruista y solidario se esconde un afán recaudador comprensible si atendemos al marco político en el que se gestó la ley. Si bien es cierto que en esta última etapa de la Restauración la debilidad del caciquismo era más que patente tras la muerte de los líderes históricos de los partidos dinásticos, debemos tener presente la catadura moral de Alfonso XIII. La aprobación de una ley de estas características buscaba más mantener en calma al incipiente movimiento obrero  que la solidaridad con los trabajadores. Aún así, como decimos, sienta precedente y creemos que es necesario conocerla.

Si seguimos leyendo el citado manual llegamos a la Ley de Seguro Estatal de 1942, texto nacido al calor de los fundamentos ideológicos y sociales del primer franquismo y de la posguerra. Este seguro obligatorio atendía exclusivamente a las curas de los trabajadores. No se ocupaba de la prevención, ni intentaba reducir la siniestralidad laboral, ni procurar mejores condiciones de vida a los obreros. Se limitaba a dar asistencia a los trabajadores heridos. 

Según el autor del libro que nos ocupa tenemos que ir hasta 1986 para encontrar un documento que regule las acciones encaminadas a crear y sostener una red de servicios sanitarios a la población. Evidentemente estamos ante un texto nacido en democracia en el que los objetivos se amplían tomando como punto de partida la prevención. Garantiza la asistencia sanitaria en todos los casos de pérdida de la salud y pretende acercar la educación sanitaria a los ciudadanos. Esta ley contempla actuaciones en materia de epidemiología y salud mental, y tiene presente la necesidad de reinserción de los pacientes. Se basa en el derecho a la protección de la salud. 

Por último cita los artículos 43 y 49 de la Constitución Española de 1978, redactados con la intención de definir competencias en materia de sanidad, de especificar y planificar la financiación y gestión de los diferentes servicios sanitarios.

Y este mínimo repaso sirve al alumno para hacerse una idea de la evolución de los textos legales en materia de sanidad. ¿No se  ha olvidado determinado período histórico en su relato? Efectivamente,  el autor ha obviado la Constitución de 1931. Borrada de la historia. Se trata del texto progresista y moderno de los que más tarde serían perdedores de la Guerra Civil, una constitución violada por el fanatismo de los fascistas. Quizá para los estudiantes de primer año de Trabajo Social fuera estimulante conocer el texto constitucional de aquel período histórico en el que apenas se han detenido durante el bachillerato. El estudio de los artículos 46 y 48 de este texto (dedicados a la sanidad y a la enseñanza) les haría cuestionarse lo respetables que son quienes permiten especular con algo tan necesario como la gestión totalmente pública de los hospitales (enhorabuena una vez más a la Marea Blanca que ha impuesto la lógica y ha explicado al Gobierno de Ignacio González que el pueblo de Madrid no está dispuesto a ser un tablero de Monopoly para que él y sus colegas jueguen a enriquecerse), o les hará preguntarse si es buena idea que cada vez haya menos profesores en la escuela pública y más ayudas para la educación concertada. La información sesgada que ofrecen manuales como el que pude leer el otro día también es subjetividad. Es historia contada a medias, y no estamos dando a estos jóvenes (que bastante poco han aprendido en su última etapa del instituto) la posibilidad de formarse una opinión completa sobre la realidad que le rodea. Estos alumnos serán algún día trabajadores sociales, un gremio cuyo trabajo ha sido imprescindible en estos últimos años de crisis y de miseria para que el sistema no termine de estallar por todos lados.

Parece que a la gente hay que acostumbrarla a lo que hay, domesticarla para que no protesten demasiado. Parece que hay cosas que es mejor que no sepan. Así como hay libros de las primeras etapas de la educación que hablan de la muerte de Lorca omitiendo que se trata de un miserable asesinato, o de que Machado encontró la muerte en Francia como el que está allí de vacaciones, en la secundaria y el bachillerato enseñamos muy poco sobre nuestro convulso siglo XX. ¿Por qué tendría que ser diferente en la universidad?







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