jueves, 25 de septiembre de 2014

Los amigos del crimen perfecto, de Andrés Trapiello

Cuando pensamos en este autor no lo asociamos precisamente a novela, sino a poesía. No debe de tener tan malas mañas como narrador para haber obtenido, con el libro del que a continuación vamos a hablar, el Premio Nadal en el año 2003. 

El texto gira en torno a los miembros de un club de amantes de la novela negra. En sus reuniones debaten sobre el crimen perfecto. Esta tertulia está dirigida por Paco Cortés, escritor que tras diferentes seudónimos escribe novelas de quiosco de género policíaco. Paco Cortés es, dentro del grupo Amigos del Crimen Perfecto, Sam Spade, y comparte charlas en el café Comercial con otros compañeros a través de cuyos nombres Trapiello rinde su particular homenaje al género negro: Mason, Poe, Miss Marple, Maigret... Se trata de un grupo bastante heterogéneo, pero el autor se encarga de que no falten ni un policía ni un abogado, además del escritor que por momentos es todo un antihéroe. Un cura, un relojero, una señora de clase media a la que fascinan los textos de Agatha Christie, una viuda joven y excéntrica, un banquero... El 23-F es determinante para este grupo, para Paco Cortés, y para la novela, no tanto por lo que pasa en el Congreso ese día y por cómo lo vive cada uno de los protagonistas, sino porque empiezan a dibujarse los dos puntos clave que darán inicio a la segunda parte de la novela tras esta presentación, a veces difusa, del elenco de personajes. La primera clave será la relación del escritor con Dora, su esposa, que se presenta como inestable y frágil, apagada y vacía a pesar de la recién estrenada condición de padres del matrimonio. El lector no queda plenamente satisfecho con la resolución de este conflicto amoroso, quizá porque nuestro gris protagonista sale más airoso de lo que se merece, y este pequeño triunfo merma su condición de fracasado. La segunda clave, como no podía ser de otro modo, es un crimen: un crimen perfecto. A los personajes de esta novela les preocupa y ocupa el crimen perfecto desde un punto de vista moral. ¿Es el hombre capaz de matar si se sabe a salvo de la justicia? ¿Hay crímenes lo suficientemente justos como para desear que queden sin resolver? ¿Puede el hombre vivir en paz tras haber asesinado? La vida ha puesto delante de este extraño grupo un caso de verdad (más allá de la teoría de las novelas) para profundizar en el estudio del crimen. Y al lector le ofrece un divertido ejercicio que le sirve de compensación por haber sobrevivido a los momentos espesos de la novela en su primera parte. Cada paso que se da en la resolución del crimen narrado lleva al lector a considerar a cada uno de los personajes como autor del mismo. En este juego el lector busca móviles, armas, localizaciones... Hasta llegar a la resolución final, que la hay, la lectura nos lleva a varias especulaciones. Éste es el gran acierto de una novela que, a pesar de dejarse leer y de plantear una serie de cuestiones sobre nuestra condición humana y nuestra idea de justicia, no es tan brillante como pudiera esperarse de un Premio Nadal.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Una historia diferente de memoria histórica

En estos días pude leer un manual para acercarse al estudio de la asignatura "Orígenes y Desarrollo del Trabajo Social". Esta asignatura pertenece al primer curso del Grado de Trabajo Social , y forma parte de un grupo de materias de tipo introductorio en el que también encontramos "Introducción a los Servicios Sociales" y "Fundamentos del Trabajo Social". Es evidente que aspiran a situar al alumno recién llegado a la carrera, a familiarizarlo con la terminología principal propia de esta disciplina, y a hacerle partícipe de los acontecimientos más importantes de la historia de la que será su profesión. 

En uno de los apartados de este manual se ofrece una relación de aquellos acontecimientos que nos permiten hablar del reformismo social en España, y de las consecuencias que estos cambios han tenido en la sanidad y en la educación actuales. En primer lugar cita la fundación del Instituto Nacional de Previsión en 1908. Su importancia reside en que sienta precedente: se trata de la primera institución oficial encargada de la asistencia sanitaria en España. Entre sus objetivos principales debemos destacar el de hacer ver a la población la necesidad de formar parte de esta red de asistencia que pudiera intervenir en caso de accidente. Tras este objetivo altruista y solidario se esconde un afán recaudador comprensible si atendemos al marco político en el que se gestó la ley. Si bien es cierto que en esta última etapa de la Restauración la debilidad del caciquismo era más que patente tras la muerte de los líderes históricos de los partidos dinásticos, debemos tener presente la catadura moral de Alfonso XIII. La aprobación de una ley de estas características buscaba más mantener en calma al incipiente movimiento obrero  que la solidaridad con los trabajadores. Aún así, como decimos, sienta precedente y creemos que es necesario conocerla.

Si seguimos leyendo el citado manual llegamos a la Ley de Seguro Estatal de 1942, texto nacido al calor de los fundamentos ideológicos y sociales del primer franquismo y de la posguerra. Este seguro obligatorio atendía exclusivamente a las curas de los trabajadores. No se ocupaba de la prevención, ni intentaba reducir la siniestralidad laboral, ni procurar mejores condiciones de vida a los obreros. Se limitaba a dar asistencia a los trabajadores heridos. 

Según el autor del libro que nos ocupa tenemos que ir hasta 1986 para encontrar un documento que regule las acciones encaminadas a crear y sostener una red de servicios sanitarios a la población. Evidentemente estamos ante un texto nacido en democracia en el que los objetivos se amplían tomando como punto de partida la prevención. Garantiza la asistencia sanitaria en todos los casos de pérdida de la salud y pretende acercar la educación sanitaria a los ciudadanos. Esta ley contempla actuaciones en materia de epidemiología y salud mental, y tiene presente la necesidad de reinserción de los pacientes. Se basa en el derecho a la protección de la salud. 

Por último cita los artículos 43 y 49 de la Constitución Española de 1978, redactados con la intención de definir competencias en materia de sanidad, de especificar y planificar la financiación y gestión de los diferentes servicios sanitarios.

Y este mínimo repaso sirve al alumno para hacerse una idea de la evolución de los textos legales en materia de sanidad. ¿No se  ha olvidado determinado período histórico en su relato? Efectivamente,  el autor ha obviado la Constitución de 1931. Borrada de la historia. Se trata del texto progresista y moderno de los que más tarde serían perdedores de la Guerra Civil, una constitución violada por el fanatismo de los fascistas. Quizá para los estudiantes de primer año de Trabajo Social fuera estimulante conocer el texto constitucional de aquel período histórico en el que apenas se han detenido durante el bachillerato. El estudio de los artículos 46 y 48 de este texto (dedicados a la sanidad y a la enseñanza) les haría cuestionarse lo respetables que son quienes permiten especular con algo tan necesario como la gestión totalmente pública de los hospitales (enhorabuena una vez más a la Marea Blanca que ha impuesto la lógica y ha explicado al Gobierno de Ignacio González que el pueblo de Madrid no está dispuesto a ser un tablero de Monopoly para que él y sus colegas jueguen a enriquecerse), o les hará preguntarse si es buena idea que cada vez haya menos profesores en la escuela pública y más ayudas para la educación concertada. La información sesgada que ofrecen manuales como el que pude leer el otro día también es subjetividad. Es historia contada a medias, y no estamos dando a estos jóvenes (que bastante poco han aprendido en su última etapa del instituto) la posibilidad de formarse una opinión completa sobre la realidad que le rodea. Estos alumnos serán algún día trabajadores sociales, un gremio cuyo trabajo ha sido imprescindible en estos últimos años de crisis y de miseria para que el sistema no termine de estallar por todos lados.

Parece que a la gente hay que acostumbrarla a lo que hay, domesticarla para que no protesten demasiado. Parece que hay cosas que es mejor que no sepan. Así como hay libros de las primeras etapas de la educación que hablan de la muerte de Lorca omitiendo que se trata de un miserable asesinato, o de que Machado encontró la muerte en Francia como el que está allí de vacaciones, en la secundaria y el bachillerato enseñamos muy poco sobre nuestro convulso siglo XX. ¿Por qué tendría que ser diferente en la universidad?







Norte y sur

Hace unas semanas nos enteramos de que en una entrevista hecha a Melody (ya saben, aquella cantante que bailaba como los gorilas) un periodista -o periodistucho, si es que a eso llega- se quedó pasmado de que la niña, a pesar de ser de Dos Hermanas, fuera culta. No le habían hecho un test de cultura general, ni habían hablado con ella sobre los grandes clásicos de la literatura universal, ni le habían pedido que resolviera complejos problemas matemáticos ni físicos, ni le habían propuesto participar en una disertación sobre los filósofos de la Ilustración. No le plantearon ningún debate sobre la actualidad macroeconómica mundial, ni le propusieron una conversación sobre pintura flamenca. No le preguntaron por las capitales del mundo, ni charlaron con ella sobre las consecuencias de la deforestación o del cambio climático. El pseudoperiodistucho o colaborador había determinado que era culta porque su modo de vocalizar era distinto al de la mayoría de los andaluces. Mejor que el de la media de los andaluces, según su criterio.

 Melody podría haber contestado tirando de esa suerte de orgullo patrio que tan sensible es a determinadas situaciones y del mínimo sentido común necesario para pasar con dignidad por los días que nos toque vivir. Podría haberle dicho que miles de andaluces atentan contra el tópico de que la España meridional está condenada a la simpleza, y podría haberle recitado la ingente nómina  de genios literarios nacidos a lo largo y ancho de la geografía andaluza. Podría recordarle que el acento andaluz no fue impedimento para que Juan Ramón Jiménez  y Vicente Aleixandre consiguieran nada más y nada menos que un Premio Nobel de literatura. Góngora, Machado, Alberti, Lorca,  Cernuda, y todos estos universales nombres que desembocan en el talento contemporánero de figuras como Luis García Montero ¿Se imaginan que Melody, en defensa propia, hubiera citado el talento incuestionable de actores como Juan Diego, andaluz de pro? ¿Se imaginan que le hubiera preguntado que desde cuándo la procedencia geográfica determina tu nivel de cultura? ¿Se imaginan que, con cierta chulería, incluso, le hubiera preguntado al colaborador de dónde era y, sobre todo, dónde ha estudiado periodismo?

Representantes del Partido Andalucista han emprendido acciones contra el programa que permitió esta tremenda falta de respeto. Los presentadores del programa se disculparon, y parece que se acabó la polémica.  Pero lo más preocupante es la naturalidad con la que la cantante pareció asumir la duda sobre la compatibilidad de su acento y su nivel cultural (Melody no supo negar la mayor), la continuidad y audiencias de programas como éste (creemos que tiene el casposo sello de Mediaset), y la pervivencia de determinados tópicos que, de un modo u otro, aparecen y reaparecen constantemente para vergüenza de muchos. 


sábado, 13 de septiembre de 2014

Las manos pequeñas, de Andrés Barba

Hoy traemos una nueva reseña bibliográfica: Las manos pequeñas, de Andrés Barba (Anagrama, 2008). Cuenta la historia de Marina, una niña de 7 años que llega a un orfanato tras perder a sus padres. Su vida (aparentemente perfecta) cambia con la muerte de sus padres en un accidente de coche. Ella sobrevive a ese choque y debe empezar de cero. Marina se muestra fría e indiferente tras el accidente, más allá incluso del esperable estado de shock postraumático. Todo en ella es misterioso y oscuro, y su personaje termina de definirse con un ambiente de suspense construido de manera muy acertada por el autor mediante el tono general del texto y el uso adecuado y peculiar de las pausas, cargadas de toda la intención  y responsables del ritmo que requiere la historia de esta niña. Es destacable, igualmente, la convivencia necesaria de diferentes perspectivas empleadas por el autor. 

Presentada Marina, la acción se centra en la relación que establece con sus compañeras de orfanato. Si volvemos la vista atrás y analizamos desde la madurez cómo nos comportábamos cuando éramos pequeños, probablemente no podamos evitar sentir un escalofrío (o varios). Nuestros pensamientos, nuestras reacciones, nuestros complejos y la gestión que hacíamos de los mismos. Un regreso para valientes. Andrés Barba, escritor que sabe llegar bien a las emociones y bastante intuitivo, nos acerca a un pensamiento infantil que da aún más vértigo: el de un grupo de niñas que habitan en un orfanato (un lugar lleno de trampas emocionales) que se observan, se envidian, crean su propia jerarquía buscando cuotas de poder desde la crueldad que puedan tener los niños, o desde su inocencia. En manos del lector está descubrir hasta dónde puede llegar la imaginación de estos personajes para llenar su vacío.

¡Vuelve Carne Cruda!

Amantes de la radio, del humor imprescindible y del sentido común: vuelve Carne Cruda. En el siguiente enlace tienen toda la información sobre cómo poder colaborar con el proyecto de Javier Gallego.

http://carnecruda.es/