viernes, 23 de mayo de 2014

Reflexión previa a las elecciones de este fin de semana

Rubén Darío llega a Madrid en 1901, y hace la siguiente reflexión: "No está por cierto España para literaturas, amputada, doliente, vencida; pero los políticos del día parece que para nada se diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energías en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados, en asuntos parciales de partidos, sin preocuparse de la suerte común, sin buscar el remedio al daño general, a las heridas en carne de la nación".

 Los políticos de aquella España, quizá no tan lejana, eran ajenos a la desazón de la gente tras el desastre del 98. Miraban a su propio ombligo y se enzarzaban en disputas domésticas intrascendentes, lejos del interés común. Estos días asistimos al despropósito de una campaña electoral que se ha convertido en un desfile de besos babosos, palabras predecibles, y fotos oportunas. Una campaña vacía de contenido que no atiende a esas heridas, vivas aún desde que Darío se las encontrara en el Madrid del recién estrenado siglo XX, y en la que la casta política ejerce como tal, fanfarrona, déspota y haciendo gala del más casposo de los populismos: el populismo fingido. 

Les responderemos, según indican las encuestas, con una abstención abrumadora que solamente sirve para perpetuar los privilegios de estos encorbatados que quieren pasar temporadas en Estrasburgo y Bruselas.  Sabemos poco de las instituciones europeas y de lo que allí se cuece, por tanto no creemos tener ningún interés en esta cita electoral. Además, habremos desgastado mucha energía la noche anterior celebrando la gran fiesta del fútbol español en Europa, y puede que sigamos siendo una nación "amputada, doliente, vencida", pero pocos países pueden presumir de tener dos equipos de fútbol en toda una final de la Champions League. ¡Chúpate esa, Merkel! 


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