domingo, 27 de abril de 2014

El año del diluvio, de Eduardo Mendoza

Mi afán por completar la lectura de todas las obras de Mendoza  me llevó a adentrarme en la historia que nos dejó escrita en El año del diluvio. Y fue sencillo, ya que es una lectura rápida ( en solo dos días devoré esta pequeña novela), sencilla y muy amena.

Una de las cosas que más me gusta de este autor son sus prólogos. En ellos, lejos de cualquier enfoque de teoría literaria, nos cuenta la historia de la historia que vamos a leer. Conmueve la relación que el novelista establece con sus personajes, su localización y su trama. El año del diluvio conserva formalmente mucho de la obra de teatro que en principio iba a ser: su carácter dialogado, sus escenarios escasos, el reducido número de personajes...

El autor catalán logra en esta ocasión acercarse a un personaje complejo a través de una perfecta disección psicológica: una monja que atraviesa una crisis de fe de consecuencias imprevisibles, que le hará vivir una serie de episodios en los que sus votos quedan pisoteados para ser, más tarde y con tierra de por medio, renovados con sinceridad. Pierde la inocencia al salir de su entorno religioso, y rebasa algunos límites poniendo su fe contra las cuerdas. La evolución de este personaje y de sus emociones nos mantiene alerta a lo largo de las páginas.

La historia está ambientada en la Cataluña de los cincuenta del siglo pasado, es decir, en años complicados de posguerra y rencores entre vencedores y vencidos. Otro personaje, de breve aparición (apenas un capítulo) pero determinante, servirá para que Mendoza se posicione  respecto a este momento histórico tras un  intenso periodo de documentación previo a la redacción de la novela. Nos referimos a un maquis del que no desvelaremos más que este breve fragmento:

"Las leyes están hechas por los ricos para tener a raya a los pobres y conservar sus privilegios. A los ricos no les importa que la ley sea severa, porque no teniendo necesidades, tampoco tienen motivos para quebrantarla; es fácil ser millonario y decir: cien años de cárcel al que roba diez cochinos duros. Los jueces y los policías están al servicio de los ricos, y de la santa madre iglesia, mejor no hablar"

Vale la pena descubrir este personaje, así como a  la atribulada historia de sor Consuelo. Así que invitados quedan.





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