jueves, 2 de enero de 2014

Insomnios y duermevelas

Releer Insomnios y duermevelas (Mario Benedetti, 2002) es volver a formar parte de un libro en el que cabe casi todo, cerciorarse de que es un texto casi de consulta, una suerte de vademécum para sobrevivir a este siglo feroz que hemos construido tan rápido. Es reencontrarse con la humilde esencia de la poesía, con un lenguaje tan necesario. Es una cura para la soledad, que "es una hazaña/precaria por supuesto pero hazaña", y para aquellos que se obsesionan con el futuro sin comprender que éste está desolado porque sabe "que no genera expectativas". Es una invitación a soñar de día y de noche, y a no desaprovechar la ocasión de contemplar las cosas sencillas que nos definen y que llenan de contenido nuestros días. Es por momentos una oración, y por momentos un ensayo. Es ciencia:

"En realidad el insomnio es como un sueño, pero sin sueño. En el insomnio comparecen ansiedades que durante el día estuvieron arrinconadas; proyectos todavía inmaduros que necesitan cálculos, previsiones,ajustes; culpas recién instaladas en la conciencia." 

Obviamente es una manual para el envejecimiento llevadero, ya que conviene entender que la infancia no dura ochenta años, y "es apenitas un latido/de minutero o marcapasos" que se debilita. Nos enseña lecciones en verso sobre el duelo, y especula sobre lo que seremos cuando, inexorablemente, nos apaguemos. Nos enseña los laberintos de las despedidas, y nos desvela conexiones entre palabras y sentimientos que van mucho más allá de los tópicos literarios. 

Benedetti es un sabio que también conoce la mentira, ese "trago cotidiano" del que renegamos. Como todos los sabios, presume de ironía al construir su "Autoepitafio": 

"Algunos dicen que morí de pena
de veras no me acuerdo/ sé que había
una nube blanquísima en el cielo
y un ave errante que dejaba huellas
y me parece que eran de alegría"

En esta obra Benedetti también nos confiesa algún secreto sobre su oficio y sobre su materia prima: las palabras y los acentos.

"varios acentos/el del desencanto
que suele desnudarse de palabras
se nutre de las lágrimas más gordas
y espera el eco de su voz más ruda"

Su poesía nos lleva a lo terrenal porque

"¿para qué desvirgar el universo
si el pedacito que nos ha tocado
es más injusto que morir de hambre?"

Somos las cosas sencillas que nos quitan el sueño, no el inabarcable universo en el que suceden nuestros desvelos. Más allá del individuo y de sus pasiones, con estos poemas podemos acercarnos a nuestro pasado común, a nuestra historia, a las religiones a las que nos agarramos, a la fe en paliar el daño del paso del tiempo. 

Volver a Insomnios y duermevelas es volver a algunos "arrepentimientos suspendidos" y comprender que la vida es un prólogo que a veces se hace demasiado largo y en el que en ocasiones debemos combatir los silencios estando desarmados, A veces, dice Benedetti, la lluvia nos da una segunda oportunidad limpiando sueños y rencores porque, a veces, de nada sirve la memoria, y es bueno empezar de cero. 






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