viernes, 1 de noviembre de 2013

Jalogüín

Un representante de la iglesia católica aseguró estos días que no respeta la fiesta de Halloween porque es pagana y porque el Papa no la avala dando una homilía “vestido de Pokemon” (esto es tan surrealista como cierto), como si el Papa y los obispos no ejercieran su ¿oficio? vestidos de bichos raros.


No es quien suscribe particularmente defensor de esta adaptación española de la noche de los muertos que, a pesar de su origen celta, es ya tan identificable a los norteamericanos. No entraré a hablar de tradiciones, pero si diré que me quedo con el Tenorio. No obstante lo cual, cuando escucho a personajes como el que nos ocupa diciendo sandeces como que Halloween es una fiesta que no mueve al amor ni a la paz, sino que pretende asustar, me pregunto cómo cree que se siente un niño antes de ser acosado por uno de los párrocos enfermos que pueblan las iglesias de esta país laico, o en qué parte del acto de quemar personas por leer libros hay amor y paz. Tampoco me parece muy inspirador el sistemático apoyo de la iglesia a los regímenes totalitarios, ni su peculiar gestión de herejes. No es un acto de paz arrasar culturas y evangelizar a cualquier precio, ni que la religión y sus dogmas pululen por nuestras escuelas a sus anchas. 


El entrañable Juan Pablo II, alias Te quiere todo el mundo, reparte amor y paz al lado del simpático Pinochet.

No sé si me asustan más los niños que puedan llegar a la puerta de mi casa al grito de “¿Truco o trato?”, o un señor con un vestidito blanco que dice ser el enviado del señor. Lo dicho, me quedo con el Tenorio. 

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