miércoles, 30 de octubre de 2013

Pisando fuerte

Probablemente uno de los síntomas más evidentes de que nos hacemos mayores es que todo lo nuevo nos parece sistemáticamente peor que lo que nosotros conocimos. El fútbol ya no es como antes, no se hacen programas de televisión o películas como las de antes, la ropa... bueno, eso sí que es como antes a juzgar por el número de  pequeñas Madonnas ochenteras con las que me cruzo cada día en la calle. Pero de eso os hablaré otro día.  No se trata de dar por hecho que algunas conductas son y serán supuestamente inherentes al envejecimiento, sino de resaltar ciertas tendencias generales de las que en su momento también fuimos supervivientes. 

Lo peor es que en este continuo devenir de generaciones expertas en todo que miran con desdén lo nuevo , hay justos que pagan por pecadores. Hablo de la imagen general que tenemos de los jóvenes, ya saben de lo que hablo: no valoran ni respetan nada, no están motivados ni tienen objetivos, y si los tienen no son buenos o provechosos, visten mal, hablan peor... A toro pasado todo es tan sencillo que olvidamos con frecuencia que también fuimos víctimas de nuestra propia adolescencia, y no somos capaces de juzgar a esos jóvenes diamantes que pisan fuerte y a los que hay que prestar toda nuestra atención y nuestro apoyo.

Un antiguo alumno (antiguo, pero siempre presente) escribía el otro día un poema en el que opinaba sobre la reciente huelga de educación. Sí, han leído bien: algunos jóvenes escriben y opinan. Así que para aquéllos que se nieguen a caer en la trampa de decir que todo tiempo pasado fue mejor, y que nada es como antes, les dejo alguno de sus versos cargados de futuro y de juventud.

No te quedes bajo el yugo,
Revélate ante el poder.
Que no te apaguen el fuego,
Que ellos encendieron una vez.

jueves, 24 de octubre de 2013

Huelga educación


Enseñar a los niños a reclamar sus derechos también es educación. No le lleves al cole ;)

miércoles, 23 de octubre de 2013

Riña de gatos: apuntes de lectura

Aunque llevaba un par de años esperándome en casa, mis ocupaciones académico-laborales me habían impedido entregarme a esta novela de Mendoza avalada por un Premio Planeta (galardón que no es vinculante para sus seguidores de siempre). Un parón imprevisto y una convalecencia dolorosa me condenaron a un reposo absoluto que aproveché para fundirme con esta historia. Dulce condena. 

Mendoza no defrauda aunque cambie su habitual escenario de la ciudad condal por el Madrid de preguerra, tratado con el mismo detalle y mimo que Barcelona, y gratamente reconocible. Su protagonista tiene ese inconfundible aire de prededor voluntarioso que define a los más célebres personajes de nuestro autor, y su humor, tan único, aparece en los momentos más críticos de una historia de ritmo trepidante en la que los acontecimientos ficticios se encadenan con la historia real que ejerce de marco.

El estilo y el tono de Mendoza, y su exquisito dominio del idioma, hacen de ésta una lectura apetecible, sencilla e intensa, y no una historia más creada desde el inagotable foco de inspiración de la Guerra Civil española. El elenco de personajes que construyen la historia ficticia, más los personajes reales, dan cuenta de la situación de España inmediatamente antes de la guerra, e invita a la reflexión sobre los errores de planteamiento que condujeron a la pero de las "soluciones". Intereses políticos y militares se insertan de uno u otro modo en las vidas de los personajes. 

Velázquez aparece como denominador común en el desarrollo de las acciones del protagonista, Anthony Whitelands, que llega desde Londres para tasar unos cuadros, pero se encuentra con la posibilidad de obtener el reconocimiento académico que cree que merece, y con una persecución múltiple que le desconcierta y desmotiva. 

Una buena lectura más que recomendable. 


sábado, 19 de octubre de 2013

Nueva ley de educación

Ya está todo dicho sobre esta ley: nace sin consenso y para muchos es elitista e injusta. Cuantos más datos conozco sobre la misma, más viene a mi memoria aquel poema del gran Ángel González del que muchos días repetí versos al ver determinados personajes que pululaban por mi facultad. Afortunadamente eran pocos, pero Wert fomenta que se hagan con las aulas. A los que se dejen caer por aquí les dejo el poema,  a ver qué les parece. Se titula "Eruditos en campus", y lo pueden encontrar en Prosemas o menos (Ediciones Hiperión, Madrid, 1985), una obra que recoge la producción escrita por este genial poeta entre 1977 y 1984. 

ERUDITOS EN  CAMPUS

Son los que son.

Apacibles, pacientes, divagandoen pequeños rebañospor el recinto ajardinado, vedlos.O mejor, escuchadlos:

mugen difusa ciencia,comen hojas de Plinioy de lechuga, devoran hamburguesas,textos griegos,diminutos textículos en sánscrito, y luegoferitlizan la tierracon clásicos detritus: alma mater.

Si eructan,un erudito dictumperfuma el campus de sabiduría.

Si, silentes, meditan,raudos, indescifrables silogismos,iluminando un universo puro,recorren sus neuronas fatigadas.
Buscan- la mirada perdida en el futuro-respuesta a los enigmaseternos:

¿Qué salario tendré dentro de un año?¿Es jueves hoy? ¿Cuántotardará en derretirse tanta nieve?

jueves, 10 de octubre de 2013

Pobres no, gracias

El ayuntamiento de Benidorm se ha propuesto que no haya pobres en las calles, y el de Madrid se apunta a esto de limpiar la ciudad anunciando una ordenanza municipal que prohibirá, entre otras cosas, acampar en Sol, pedir limosna en la puerta de centros comerciales, y hacer malabares en los semáforos. Y es que no hay nada más antiestético y que atente tanto contra la marca España como la pobreza.

Esta noticia coincide con los datos sobre los beneficiados por todo esto de la crisis, que los hay. Los ricos en España aumentan un 13% desde el inicio de la crisis, y el 1% más adinerado de la población mundial posee el 46% de la riqueza global. Para ellos construimos amnistías fiscales, y a los que venden pañuelos les multamos. Así es España.