miércoles, 17 de abril de 2013

Muertos de segunda

Debe existir un aparato medidor del grado de noticiabilidad de las cosas que suceden en el mundo. Y ese aparato se dispara cuando entre los valores introducidos figuran muerte y EEUU. Este tipo de información tiene garantizado ser foco de atención mediático. Un día después de los atentados del Maratón de Boston hemos visto las imágenes más de mil veces, y más de mil veces hemos escuchado la escasa nómina de datos de que disponen los investigadores. También hemos escuchado testimonios de testigos, y hemos visto sus propias grabaciones. Todo despliegue es poco, porque es noticiable y prioritario. 

¿Qué ocurre cuando las variables son muerte y Siria? No pasa nada, no es tan importante. El valor de la pérdida violenta del derecho fundamental que es la vida, no vale tanto, desde un punto de vista informativo, en Siria (o Palestina, por ejemplo) como en EEUU. Es más: en España es más importante el desmayo circense de la Pantoja.

Me sorprende, desagradablemente, que cuando hablamos de matanzas en países en eterno conflicto lo hagamos con inhumana tranquilidad, como si fuera costumbre natural hablar de decenas de muertos y de centenares de heridos. Además esa información, si es que llega, ocupa muy poco espacio y tiempo en los medios. En Boston falleció un niño de ocho años que, sin duda, se convertirá en símbolo de esta tragedia. Sabremos detalles de su vida y de la de su familia porque ahondar en su tragedia es noticiable. Pero no sabemos nada de los niños que mueren a diario en otras latitudes, porque nada sabemos de sus conflictos y dramas. Son muertos de segunda.

Así, los mal llamados medios de información eligen, toman partido, y cuentan la parte de la verdad que dicta el medidor de noticiabilidad para convertirla en producto. Y lo hacen cómodamente desde su cálidas redacciones. Por eso siempre es un alivio contar con trabajos como el de Manu Brabo. Más que felicidades, que también, gracias por tu trabajo.

jueves, 11 de abril de 2013

La seguridad es lo primero

La seguridad es lo primero, por eso el ministerio de Interior se ha gastado seis millones y medio de euros en chalecos antibalas. Para eso sí hay dinero. La sanidad puede esperar, y la educación también. Pero los guardianes del estado y de los politicuchos han de estar bien protegidos.

Las actuaciones de las fuerzas de seguridad en las últimas manifestaciones celebradas en Europa han dejado su imagen bastante perjudicada. Golpes, porrazos, uso de gases lacrimógenos, de balas de goma, persecuciones de individuos, agresión a gente ajena a la movilización, y abuso de poder en general, han sido denunciados por Amnistía Internacional. Estas denuncias, además, han sido avaladas por 60000 firmas de 60000 individuos que contribuyen a pagar los mencionados chalecos, así como los sueldos de aquellos que los portarán. Aún así, la policía, el más fuerte de esta contienda a la que nos obligan, se refuerza.

Cuando te falte la prestación por desempleo, o recorten tu sueldo sin previo aviso, o te den cita en el médico para dentro de meses, o tu hijo tenga que compartir a su profesor con otros 40 compañeros, o te desahucien sin compasión, o sientas que el estado te deja solo, recuerda que se gastan muy a gusto este dinero en proteger a sus perros guardianes. Y recuérdalo, especialmente, la próxima vez que vayas a votar. 

No hace mucho, cierto individuo de cuestionable inteligencia me dijo que en las últimas elecciones había votado sin seriedad, prácticamente al ganador de un sorteo realizado entre los partidos con menos posibilidades de obtener ni siquiera un escaño, mostrando muy poco civismo. Su voto fue a parar a una fuerza política que por pudor (como si ya después de todo lo que nos dijo se le pudiera seguir respetando) no quiso revelar. Lo hizo, en su  indocta opinión, para "reírse de la clase política". En algún lugar debió escuchar que no lo estaban haciendo muy bien. Poco después sus hijas se quedaron sin transporte escolar, tuvo que pagar un impuesto nuevo aplicado a su material escolar, y mendigar una ayuda al estado ya que, como prototípica víctima de la burbuja inmobiliaria, lleva en el paro mucho tiempo y no tiene esperanzas laborales de ningún tipo. ¡Qué contento debe estar con los chalequitos de los nacionales! ¿Quién se ríe de quién si nos comportamos como cualquier cosa menos como ciudadanos?

miércoles, 10 de abril de 2013

Religiones

Nunca asistiré a un bautizo. Siempre he pensado que imponer a una criatura entrar en una comunidad como la cristiana significa hacerles cómplices de, entre otras cosas, violaciones de niños, apoyos a dictadores asesinos.... Es más, supone acercar a un hijo (que debe ser lo que uno más quiere en este mundo) a ser una víctima más de esta milenaria secta. Cuanto más contacto tenga con la iglesia, más posibilidades tiene, ¿no? Por no entrar en el adoctrinamiento católico que le convertirá en un idiota para toda la vida. Allá los padres y su ignorancia profunda si quieren que sus hijos sean instruidos en la existencia de un ser imaginario (creo que los psiquiatras llaman a eso paranoia), y si quieren exponerlos a que el párroco de su barrio les toque.  Yo no seré testigo de semejante acto. 

Las redes sociales se escandalizan hoy porque se ha legalizado que los rabinos de Nueva York chupen los penes de los bebés tras la salvaje circuncisión (sí, amigos: así de surrealista es). Me pregunto si nos escandaliza porque es horrible, o porque nos pilla de sorpresa y aún no hemos tenido tiempo para digerirlo. Porque la pervivencia de las religiones en muchas esferas de nuestra sociedad ha sido y es posible por nuestra tolerancia, por nuestra desidia y por nuestro conformismo.

A mí también me puso los pelos de punta lo que hacen a esos pobres niños los rabinos, pero más me asusta el poder de estos grupos para dormir masas. Más que asustarme, me asquea que esos succionados niños de hoy hagan lo mismo con sus hijos. Antes de bajarnos de los árboles no éramos tan idiotas. La religión es la prueba más evidente de que involucionamos sin remedio.